sábado, 26 de julio de 2025

Desempleo en Bolivia

 La ilusión del bajo desempleo: ¿una realidad que oculta la crisis estructural?




Según la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística, la tasa de desocupación urbana en el primer trimestre de 2025 fue del 3,9 %, misma cifra que en 2023 y ligeramente inferior al 4,1 % registrado en igual período del año anterior  . A simple vista, se pinta un panorama alentador. Sin embargo, esa cifra no refleja la gravedad del panorama laboral boliviano.


Concentrémonos en los jóvenes: entre quienes tienen entre 16 y 32 años, la tasa sufre un salto hasta el 6 %, cifra superior al promedio general y aún más elevada en comparación con el cierre de 2024 (5,1 %)  . En mujeres, el desempleo urbano alcanza el 4,6 %, mientras que en hombres se sitúa en **3,2 %**  .


Este aparente éxito de las cifras esconde la cara B de la crisis: uno de cada tres trabajadores está subempleado —trabaja menos de 40 horas semanales—, alcanzando una tasa de 6,68 % en el tercer trimestre de 2024, con mayor impacto en mujeres (8,2 %)  


¿Por qué hay empleo, pero no calidad?


A pesar de las cifras aparentemente bajas de desempleo, Bolivia destaca como el país con mayor informalidad laboral de Sudamérica, con entre 80 % y 84 % de la fuerza laboral en condiciones informales: sin contrato, sin seguridad social, sin derechos laborales garantizados  .


Según Bruno Rojas (Cedla), la mayoría de los empleos generados son precarios. Los trabajadores no cuentan con prestaciones sociales ni cobertura médica y muchas veces sus ingresos están por debajo del salario mínimo o la canasta básica (aproximadamente 2 778 bolivianos)  .


Se trata de un fenómeno de terciarización, donde empresas subcontratan servicios (como limpieza, transporte, construcción o atención) a proveedores externos, cuyos empleados no gozan de condiciones laborales dignas  .


Además, la sobreoferta de profesionales agrava el problema: en Bolivia se titulan alrededor de 41 000 profesionales al año, pero solo cerca del 24 % encuentra un empleo acorde  . En Tarija, por ejemplo, entre el 65 % y 70 % de recién graduados no encuentra empleo formal y debe recurrir al empleo informal o a migración interna  .



Cuatro puntos de reflexión


1. Cifras maquilladas de éxito


Bajo desempleo no equivale a empleo digno. La tasa del 3,9 % vela realidades de informalidad, subempleo y sobrecualificación sin oportunidad real.


2. Una generación joven en desventaja


Los jóvenes pagan más caro el costo del desempleo y la falta de oportunidades dignas. Es urgente incorporar políticas públicas que impulsen empleo juvenil formal y de calidad.


3. Profesionales sin espacio en la economía


Titulado no garantiza oportunidad laboral. La falta de políticas de inserción profesional impide que los universitarios desarrollen su vocación de manera productiva.


4. Regiones periféricas al borde del colapso

Departamentos como Tarija muestran despidos masivos que elevaron el desempleo en más del 40 % en el primer trimestre de 2025, empujando a muchos al comercio informal  .


Conclusión: Pobreza con estadísticas bajistas


La narrativa oficial del bajo desempleo no convence cuando se analiza la calidad del empleo: bajos salarios, riesgos laborales, ausencia de derechos y subsistencia económica en el ámbito informal. En el fondo, hay una crisis social que no se refleja en el desempleo promedio.


Es urgente reorientar la mirada del Estado y la sociedad:


Atraer inversión privada que genere trabajo formal.


Impulsar políticas de empleo juvenil y de inclusión profesional.


Mejorar la protección social de trabajadores informales.


Descentralizar oportunidades para que departamentos como Tarija no queden relegados.



En 2025, Bolivia necesita dejar de celebrar un desempleo bajo, para enfrentar de verdad la crisis de empleo que golpea a su juventud, a sus profesionales y a gran parte de su población.




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