miércoles, 29 de abril de 2026

Terebinto: Una Herida Abierta

 Terebinto: Una Herida Abierta 





El 19 de mayo de 1958 quedó marcado en el calendario cruceño no solo con sangre, sino con una profunda sensación de vulnerabilidad.
La Masacre de Terebinto, donde jóvenes de Falange Socialista Boliviana, de la Unión Juvenil Cruceñista,  y universitarios de la UAGRM fueron perseguidos y victimados por milicias armadas del gobierno de turno, es un episodio sombrío que, a décadas de distancia, sigue enviando un mensaje urgente a nuestra sociedad.
Lo ocurrido en aquella comunidad no fue un accidente fortuito; fue el resultado del odio político y el intento de doblegar el espíritu de un pueblo que reclamaba lo que por derecho le correspondía: sus regalías petroleras y un trato digno dentro del Estado boliviano. La crueldad con la que se actuó contra los "mártires de Terebinto" debe servir como un recordatorio permanente de lo que sucede cuando el poder central se desconecta de la realidad regional y utiliza la fuerza para silenciar la disidencia.
Sin embargo, más allá del luto, la lección más grande de Terebinto es la necesidad imperativa de la unidad. Un pueblo dividido es un pueblo frágil, expuesto a los intereses de enemigos externos que buscan explotar nuestros recursos sin dejar nada a cambio, y de enemigos internos que, disfrazados de ideologías o ambiciones personales, siembran la discordia entre hermanos para debilitar nuestra capacidad de resistencia.
La historia nos ha enseñado que cuando Santa Cruz y Bolivia actúan como un solo bloque, las injusticias retroceden. Para que hechos tan atroces como los de 1958 nunca más vuelvan a ocurrir, debemos fortalecer nuestros lazos sociales. La unidad no significa pensar igual en todo, sino coincidir en lo fundamental: la defensa de la vida, la libertad y el respeto mutuo.
Honrar a quienes cayeron en Terebinto no es solo colocar ofrendas florales; es construir una sociedad donde el diálogo prime sobre la violencia y donde la identidad común sea nuestro escudo contra cualquier intento de opresión. Que el sacrificio de aquellos jóvenes sea el cimiento de una convivencia democrática, firme y, sobre todo, unida.

martes, 21 de octubre de 2025

LA GUERRA DE LA CHIQUITANIA

 Era principios de agosto del 2019, 

comenzaban los incendios de todos los años en el departamento de Santa Cruz

Yo soy bombero forestal, veia los incendios por la tv, mi unidad de bomberos aun no iba a la Chiquitania.


Ya era la segunda semana de agosto y los incendios no se detenian

Ya no podía esperar más tiempo, los incendios aumentaban, mi unidad de bomberos aun seguian en la ciudad capital, la unidad UTOP de la Policia Boliviana lanzó una convocatoria para que bomberos forestales se unan a ellos en el combate a los incendios.

Aliste una mochila y una maleta y me fuí a UTOP, saldrían para Robore a las 7 pm

sábado, 26 de julio de 2025

Desempleo en Bolivia

 La ilusión del bajo desempleo: ¿una realidad que oculta la crisis estructural?




Según la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística, la tasa de desocupación urbana en el primer trimestre de 2025 fue del 3,9 %, misma cifra que en 2023 y ligeramente inferior al 4,1 % registrado en igual período del año anterior  . A simple vista, se pinta un panorama alentador. Sin embargo, esa cifra no refleja la gravedad del panorama laboral boliviano.


Concentrémonos en los jóvenes: entre quienes tienen entre 16 y 32 años, la tasa sufre un salto hasta el 6 %, cifra superior al promedio general y aún más elevada en comparación con el cierre de 2024 (5,1 %)  . En mujeres, el desempleo urbano alcanza el 4,6 %, mientras que en hombres se sitúa en **3,2 %**  .


Este aparente éxito de las cifras esconde la cara B de la crisis: uno de cada tres trabajadores está subempleado —trabaja menos de 40 horas semanales—, alcanzando una tasa de 6,68 % en el tercer trimestre de 2024, con mayor impacto en mujeres (8,2 %)  


¿Por qué hay empleo, pero no calidad?


A pesar de las cifras aparentemente bajas de desempleo, Bolivia destaca como el país con mayor informalidad laboral de Sudamérica, con entre 80 % y 84 % de la fuerza laboral en condiciones informales: sin contrato, sin seguridad social, sin derechos laborales garantizados  .


Según Bruno Rojas (Cedla), la mayoría de los empleos generados son precarios. Los trabajadores no cuentan con prestaciones sociales ni cobertura médica y muchas veces sus ingresos están por debajo del salario mínimo o la canasta básica (aproximadamente 2 778 bolivianos)  .


Se trata de un fenómeno de terciarización, donde empresas subcontratan servicios (como limpieza, transporte, construcción o atención) a proveedores externos, cuyos empleados no gozan de condiciones laborales dignas  .


Además, la sobreoferta de profesionales agrava el problema: en Bolivia se titulan alrededor de 41 000 profesionales al año, pero solo cerca del 24 % encuentra un empleo acorde  . En Tarija, por ejemplo, entre el 65 % y 70 % de recién graduados no encuentra empleo formal y debe recurrir al empleo informal o a migración interna  .



Cuatro puntos de reflexión


1. Cifras maquilladas de éxito


Bajo desempleo no equivale a empleo digno. La tasa del 3,9 % vela realidades de informalidad, subempleo y sobrecualificación sin oportunidad real.


2. Una generación joven en desventaja


Los jóvenes pagan más caro el costo del desempleo y la falta de oportunidades dignas. Es urgente incorporar políticas públicas que impulsen empleo juvenil formal y de calidad.


3. Profesionales sin espacio en la economía


Titulado no garantiza oportunidad laboral. La falta de políticas de inserción profesional impide que los universitarios desarrollen su vocación de manera productiva.


4. Regiones periféricas al borde del colapso

Departamentos como Tarija muestran despidos masivos que elevaron el desempleo en más del 40 % en el primer trimestre de 2025, empujando a muchos al comercio informal  .


Conclusión: Pobreza con estadísticas bajistas


La narrativa oficial del bajo desempleo no convence cuando se analiza la calidad del empleo: bajos salarios, riesgos laborales, ausencia de derechos y subsistencia económica en el ámbito informal. En el fondo, hay una crisis social que no se refleja en el desempleo promedio.


Es urgente reorientar la mirada del Estado y la sociedad:


Atraer inversión privada que genere trabajo formal.


Impulsar políticas de empleo juvenil y de inclusión profesional.


Mejorar la protección social de trabajadores informales.


Descentralizar oportunidades para que departamentos como Tarija no queden relegados.



En 2025, Bolivia necesita dejar de celebrar un desempleo bajo, para enfrentar de verdad la crisis de empleo que golpea a su juventud, a sus profesionales y a gran parte de su población.




miércoles, 23 de julio de 2025

VOLUNTAD

 La Fuerza de Voluntad: El Poder Silencioso que Transforma Vidas







En un mundo dominado por la inmediatez, la fuerza de voluntad se ha vuelto una virtud escasa pero profundamente poderosa. No brilla como la inteligencia, no resuena como el carisma, ni se celebra como el talento, pero es precisamente esa discreción la que convierte a la voluntad en una de las herramientas más transformadoras que un ser humano puede desarrollar.


La fuerza de voluntad es, en esencia, la capacidad de resistir la tentación momentánea en favor de un objetivo más grande. Es levantarse temprano a pesar del cansancio, decir "no" cuando el cuerpo pide "sí", insistir cuando todo invita a rendirse. No es algo con lo que se nace necesariamente; es una habilidad que se cultiva. Y como toda habilidad, mejora con la práctica, se debilita con la desidia y se fortalece con la experiencia.


En muchos casos, las personas no fracasan por falta de capacidad, sino por falta de constancia. Proyectos brillantes, metas nobles y sueños legítimos se pierden no por imposibilidad, sino porque no hubo quien perseverara lo suficiente. La fuerza de voluntad no garantiza el éxito inmediato, pero sí lo vuelve inevitable a largo plazo.


En un contexto como el nuestro, donde las condiciones externas muchas veces son adversas —pobreza, falta de oportunidades, corrupción, discriminación—, la fuerza de voluntad puede ser el único recurso con el que cuenta una persona para salir adelante. Es el motor que empuja a estudiar a pesar del hambre, a trabajar mientras se sufre, a seguir soñando en medio de la desesperanza.


Sin embargo, es importante no romantizar la lucha. La fuerza de voluntad no debería ser la única vía para superar las injusticias estructurales. Pero mientras esperamos cambios profundos en nuestras sociedades, cultivar esa llama interior sigue siendo uno de los caminos más dignos para alcanzar la superación personal.



La fuerza de voluntad no grita, no exige, no se luce. Pero transforma. Es ese fuego silencioso que arde dentro del ser humano cuando todo parece oscuro. Y en tiempos de crisis, donde la incertidumbre es constante y el camino está lleno de obstáculos, aferrarse a esa llama puede marcar la diferencia entre vivir una vida a la deriva o convertirse en el autor de la propia historia.


Porque al final, los sueños no se alcanzan con suerte, se alcanzan con voluntad. Y quien la cultiva, termina creando su propio destino.






martes, 22 de julio de 2025

INDECISION ELECTORAL

 incertidumbre electoral e indecisión ciudadana





Mientras se aproxima la fecha clave del 17 de agosto de 2025, Bolivia vive un escenario electoral marcado por una profunda fragmentación política, judicialización del proceso y una ciudadanía indecisa. Lejos de ser una elección tradicional, este ciclo refleja una crisis de representación y gobernabilidad  .


1. El voto residual como protagonista silencioso


Las encuestas recientes de Opinión y Unitel‑Ipsos CiesMori coinciden en que cerca del 30‑32 % del electorado está representado en el bloque del voto residual —que combina votos en blanco, nulos e indecisos—, superando con claridad al candidato mejor posicionado, Samuel Doria Medina, con apenas el ~19‑20 %  .

Esto significa que el “gran ganador invisible” de estas elecciones sería, posiblemente, el electorado que aún no define su voto.


2. Un sistema político en descomposición institucional


La inscripciones políticas están siendo cuestionadas judicialmente: hasta el 80 % de los partidos podrían ser anulados por impugnaciones, mientras el Tribunal Constitucional interviene en etapas que deberían estar blindadas por la seguridad jurídica de la preclusión electoral  .

El rol del Tribunal Supremo Electoral ha sido debilitado, subordinado a decisiones del TCP que retan su autonomía  .


3. Fragmentación de candidaturas y ausencia de liderazgos frescos


El partido oficialista, el MAS, sufre una división significativa: Evo Morales y Luis Arce representan bandos opuestos, y ambas candidaturas enfrentan obstáculos legales —Morales está ya inhabilitado y Arce decidió no postularse, apoyando a Eduardo del Castillo como nuevo candidato  .

La oposición está dispersa: aunque existieron bloques como “Unidad”, persisten tensiones internas entre figuras como Doria Medina, Quiroga y Mesa, lo que dificulta una candidatura única fuerte  .


4. Crisis económica: presión para elegir soluciones reales


Bolivia enfrenta inflación, escasez de combustibles y reservas internacionales bajas, lo que está deteriorando el poder adquisitivo y generando descontento popular  .

En este contexto de tensión, expertos como Pedro Callisaya advierten que la fragmentación política e institucional están poniendo en riesgo avances en derechos humanos, especialmente para los más vulnerables  .



Reflexión final: ¿indecisión como oportunidad o amenaza?


La indecisión del electorado no es un simple dato estadístico: es la señal de un país en busca de propuestas concretas y liderazgo claro. Si esta masa de voto residual no encuentra una candidatura que la convoque, la elección se desangrará en abstención, dispersión y gobernabilidad frágil.


Por otro lado, si un candidato logra articular un mensaje que conecte con los problemas reales —inflación, empleo, acceso a servicios básicos—, y logra activar ese voto residual, podría transformar la incertidumbre en una victoria electoral decisiva.


Sin embargo, las condicionalidades judiciales, las divisiones internas del MAS, y la dispersión opositora presentan una barrera formidable. La democracia electoral boliviana debe demostrar que puede procesar la incertidumbre sin caer en el caos: que el poder judicial no decida por encima de las urnas, que las alianzas respondan a visiones comunes y no solo a repartos oportunistas, y que la ciudadanía encuentre en las urnas una respuesta a sus demandas reales.


CONCLUSION


Bolivia está en un momento crítico. La indecisión del electorado refleja una crisis de representación y confianza, mientras el sistema político enfrenta una prueba sin precedentes. El voto residual es tanto amenaza como oportunidad: un actor que podría decidir las elecciones, si se convierte en voto activo, o confirmarlas como fragmentadas y disfuncionales si permanece como un silencio inesperado.


La calidad de las respuestas políticas —más allá de los discursos— se jugará en la capacidad real de conectar con las urgencias de la población. En este escenario, el reto no solo es quién gana, sino qué proyecto logra darle sentido y dirección al país.




sábado, 19 de julio de 2025

ESCACES DE LIDERAZGO POLITICO EN BOLIVIA

 En Bolivia, la sensación de ausencia de liderazgo político ha cobrado fuerza en los últimos años, marcando un debilitamiento significativo en la confianza ciudadana y en la capacidad del Estado para abordar sus principales desafíos. A continuación, desgloso los elementos que considero centrales para entender este fenómeno y por qué debería preocuparnos:



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1. Falta de visión clara y proyecto nacional


El liderazgo político efectivo requiere no solo gestión, sino también visión. En Bolivia, prevalece una agenda reactiva: los gobernantes se concentran en apagar fuegos mediáticos antes que en proponer proyectos de largo plazo. No hay consenso ni dirección clara hacia modelos de desarrollo sostenibles —en educación, salud, infraestructura o diversificación económica— y se navega a la deriva, al compás de coyunturas y clichés políticos.



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2. Polarización que paraliza lo público


La polarización entre el MAS y la oposición no crea bloques sólidos, sino bloques paralizantes. Cada cambio de gobierno implica no solo una batalla por el poder, sino el desmantelamiento de lo construido por la administración anterior. Esto ya no es choque de ideas, es choque de símbolos. Y en el medio de esta pelea, la ciudadanía queda sin una oferta política que dialogue y genere consensos, clave para cualquier liderazgo creíble.



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3. El poder sigue siendo más presencial que institucional


Un líder moderno construye instituciones fuertes que sobreviven más allá de su presencia. En Bolivia, en cambio, muchas decisiones claves dependen del ejecutivo, de acuerdos políticos informales y de clientelismo. El debilitamiento de instancias como el Congreso, los municipios o el sistema judicial crea vacíos de poder, donde las decisiones se toman en despachos bajo criterios partidarios, en lugar de políticas públicas consagradas por normas claras y procesos. Es un signo de “liderazgo solitario”, no de liderazgo democrático.



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4. Crisis de representación y desconexión social


Muchos ciudadanos hoy no se sienten representados por sus gobernantes. La política se ha cerrado en círculos, cada vez más alejados de las voces reales: jóvenes, pueblos originarios urbanos, emprendedores, comunidad LGBT+, entre otros. La rotación de banderas —antes se hablaba de descolonización, ahora de cambio climático, mañana de seguridad— refleja una estrategia para mantenerse en agendas mediáticas, no para conectar con necesidades concretas.



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5. Consecuencias del déficit de liderazgo


Políticas erráticas: sin rumbo definido, las acciones gubernamentales se perciben como improvisadas e ineficaces.


Desconfianza institucional: el sistema político pierde legitimidad, incrementando el riesgo de que la ciudadanía busque soluciones extrainstitucionales.


Estancamiento del desarrollo: sin liderazgo para coordinar inversión, innovaciones o reformas, Bolivia se queda atrás frente a vecinos con proyectos de país más sólidos.




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6. ¿Qué se puede hacer para recuperar liderazgo?


1. Construir visiones compartidas a largo plazo, desde la sociedad civil, los partidos y los sectores productivos.



2. Promover liderazgo institucional, forjando organismos autónomos y fortaleciendo los municipios y el Legislativo.



3. Impulsar relevos generacionales dentro de los partidos, para insertar nuevos rostros y apertura de ideas.



4. Fomentar mecanismos de participación, desde consultas ciudadanas hasta proyectos piloto regionales, que generen confianza activa.



5. Sistematizar la rendición de cuentas, más allá de discursos: presupuestos claros, informes periódicos, evaluación independiente.





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🔍 En conclusión


La carencia de liderazgo en Bolivia no es una enfermedad pasajera, sino un síntoma de estructuras políticas rígidas y desconectadas. La polarización, la improvisación institucional y la rutina mediática han socavado cualquier posibilidad de liderazgo firme. Para revertirlo, hace falta voluntad —tanto de quienes mandan como de quienes votan— para pensar más allá del corto plazo, fortalecer instituciones y renovar la política desde adentro. Sin eso, la promesa de progreso seguirá siendo una meta esquiva.